Las cartas náuticas se vuelven peligrosas exactamente cuando dejan de corregirse —no cuando se dibujan mal, sino cuando todos empiezan a navegar por ellas sin volver a medir la costa.

Con los datos que usa un equipo directivo para decidir pasa lo mismo, y la mayoría de las empresas tiene el momento del relevo completamente al revés: creen que deben confiar en sus datos cuando por fin tienen suficientes. La verdad es más incómoda: deberían confiar en ellos cuando esos datos sobrevivieron el intento genuino de alguien por demostrarles que estaban equivocados.

El sociólogo Bruno Latour documentó algo similar sobre los objetos que usamos para actuar: no ganan autoridad por ser correctos, la ganan cuando suficientes personas empiezan a depender de ellos sin cuestionarlos. Latour llamó a ese momento "traducción" —cuando un objeto reorganiza los intereses de quienes lo rodean. Con una carta náutica ocurre igual que con un reporte trimestral: al principio es un insumo más entre varios. Pero en cuanto todo argumento en la junta directiva empieza a citarlo como respaldo final, se convierte en lo que Latour llamaría un punto de paso obligado. Y ahí aparece el riesgo real: preguntar si la costa se movió empieza a sonar como cuestionar lo obvio, así que nadie pregunta. El objeto se cierra en caja negra antes de merecerlo.

Alguien podría decir: nunca habíamos tenido tantos datos como ahora, ¿no deberíamos confiar más en ellos, no menos? Pero más volumen no es lo mismo que más validación. Un reporte que fue preciso hace tres años sigue circulando con la misma autoridad aunque el mercado que medía ya cambió de forma —el equipo no dejó de pensar, dejó de preguntar. Un dato mal definido, repetido durante cinco años, no gana rigor por antigüedad: gana inercia.

¿Cuándo fue la última vez que alguien en tu equipo intentó, en serio, tirar el reporte que usan todos los días para decidir? Si nadie lo recuerda, ese dato no ganó su autoridad: la heredó.

En GEN Corp preferimos esa pregunta incómoda a la comodidad de un dato que ya nadie se atreve a tocar.